Vacaciones de un barbudo

Hola amig@s, hoy os voy a hablar de las vacaciones, benditas vacaciones…

Todo el mundo está deseando pillar las vacaciones, para si se puede, marchar de viaje y desconectar, para escapar de la rutina, para escapar de nuestras vidas por unos días. Unos irán a la playa, otros al monte, a las ciudades o al pueblo, el tan socorrido pueblo, sobre todo en estos momentos de crisis, maldita crisis…puta crisis!!!.

Según se acerca el día de marchar siempre siento un acelerón y unas ganas de la hostia, hasta que me doy cuenta que tengo que hacer la maleta… sí, la maleta.

Que ropa meto?, que calzado meto?, que libro llevo?, a que huelen las nubes?… Siempre digo, “el año que viene llevo cuatro cosas y listo!”, pero cuando empiezo a hacerla me doy cuenta de que nunca me cabe nada, lo que quiere decir que siempre meto más cosas de las que debo… “voy a meter esto por si acaso, aquello otro por que igual lo necesito… joder, casi se me olvida, algo que desde que lo descubrí ya no puedo vivir sin ello… el papel higiénico húmedo”.

Meto camisetas de todo tipo y de todos los colores, de todos los grupos de rock existentes y casi de los que están por venir y no existen todavía… y la del Athletic, por supuesto.

El ibuprofeno, omeprazol, almax, en definitiva, el kit de supervivencia de los que saben como son las noches de Rock y sangría, pero sobre todo de como son las mañanas… uuuuuf!!

Pero otro de los problemas a la hora de preparar el neceser de las vacaciones de un barbudo , en este caso como yo, es que productos meto para la barba y el pelo. Al final siempre llevo dos neceseres llenos de pomadas, peines, aceites, jabones, bálsamos, cremas, sprays, champús, cuchillas para arreglarme los contornos de barba y bigote, aceite pre shave, after shave…jooooder!!, voy a tener que llevar otra maleta para todo ésto!!!, y luego hablan de las mujeres.

Y aquí comienzan las vacaciones de un barbudo

 

Vacaciones de un barbudo

 

Retomando el tema del pueblo, este año voy una semana al pueblo de origen de mis abuelos paternos, a un pueblo de Salamanca, a la Castilla profunda. Donde durante el día se caen las moscas de calor y la siesta es casi de obligado cumplimiento, ya que en la calle te puedes achicharrar.

Donde la verdad que el tiempo pasa más despacio y la cobertura de teléfono escasea, un lugar para desconectar del ritmo estresante de nuestras vidas y conectar con la vida tranquila.

Al atardecer me voy a las afueras del pueblo, me siento en una piedra y veo el atardecer, la verdad que aquí los atardeceres son la rehostiaaa!!, no me hace falta ir a un club-lounge, chill out o su puta madre para ver unas de las puestas de sol más flipantes que he visto, y que decir de los amaneceres. Aquí, en medio de la nada, conmigo mismo, alguna que otra mosca y los lugareños paseando… que con un grito de: “oooye que te vas a quedar dooormidoooo” te devuelven a tierra, jodiéndote ese momento zen, esa conexión mística que tenías con el cosmos, y todo ese nirvana alcanzado, eso si, sin ayudas eh!

Vacaciones de un barbudo

 

Ayyyyy, los lugareños, esos entrañables personajes que te ven casi a un kilómetro de distancia, que te hacen un barrido de arriba a abajo y que les oyes como se preguntan: “y quien es ese?, de quien será? pues no lo se, vaya barbas que tiene, se parece a “Jomeini”, y mira todo tatuado…” así cada paso que das, y cada año que vengo.

En estos casos uno respira, sonríe y les da los buenos días, buenas tardes o lo que sea. Es una técnica que hay que ejercitar pero que es muy efectiva.

suscríbete468x60

Uno de los momentos más críticos es cuando entras al bar, a la hora en la que juegan la partida. De repente todo el mundo deja las cartas y clavan tu mirada en ti, se hace un silencio profundo, eres el forastero barbudo y tatuado, parece una película del Oeste. Todos parecen estar sincronizados a la hora de ir girando el cuello, parecen cyborgs, robots, he de reconocer que es un momento incomodo, pero con un “Aupa gente!”, rompo el hielo, pero claro enseguida me doy cuenta que aquí lo de “Aupa gente!”, como que no. Después de unos interminables segundos vuelven a sus cartas y yo respiro más aliviado. Y como soy un tipo duro, pido un kas de naranja.

Los pueblos son nuestros orígenes y creo firmemente en lo saludable que es pasar unos días en ellos, conectando con lo más primitivo, a la vez que desconectamos de lo más tecnológico y que decir, que normalmente sus habitantes suelen ser gente noble y muy trabajadora, (aclaro ésto para que nadie se sienta ofendido u ofendida, ningún pueblerino ha sido maltratado durante está especie de crónica o cuaderno de bitácora).

Y también quiero aclarar que yo vivo en un pueblo de Bizkaia, por lo tanto yo también soy pueblerino, no se vaya a enfadar nadie eh!!.

Es el pueblo donde he pasado algunos veranos de mi vida, sobre todo cuando era niño y algunos en plena adolescencia (sobre todo cuando eran las fiestas)
Aquí aprendí, que tirar petardos en un lugar tan seco no es buena idea, a darme cuenta de que por ser vasco a algunos no les gustaba, era el “puto vasco” (he de aclarar que los que decían esto eran tres o cuatro tontolabas. Y a uno de ellos, al más chulo se la devolví…).

Aquí logré varias victorias deportivas, en las carreras populares que se hacían todos los años por las fiestas, y es que a mí en eso de correr no me gana nadie… bueno, más bien no me ganaba, porque ahora…

También logré varias conquistas amorosas, le levanté la novia al chulito del pueblo (toma ésa!!!), aunque siempre estuviera en peligro de acabar en el pilón.

Bueno eran otros tiempos y otras épocas, eramos adolescentes con las hormonas revueltas y supongo que con ganas de impresionar a las chicas.

Siento admiración por la gente, como mis abuelos, que en aquella tierra y en aquella época de hambre y miseria, se dejaron media vida trabajando de sol a sol, en invierno con un frío que pela y en verano con un calor abrasador.

Siento admiración por una tierra diferente a la mía (Euskadi), pero con una belleza especial.

Siento profundo respeto por sus tradiciones y sus gentes.

Siento agradecimiento porque mi aita (padre) y mi amatxu (madre) pasan allí los veranos y les veo felices.

Y como no, siento auténtica veneración por su jamón, joooder que jamón, se me cae la baba en el teclado de sólo pensar en él. Bueno jamón, chorizo, lomo….siempre que vengo marcho con unos kilitos de más.

Por todo ello, muchas gracias Gallegos de Solmirón.

La segunda parte de este relato, vacaciones de un barbudo parte II, será desde tierras catalanas, desde la Costa Brava!!

Un saludo y mucho Rock!!

Y arriba los pueblos!!!!!.

p.d: Visitarme en facebook e instagram

Share on FacebookTweet about this on TwitterPin on PinterestShare on Google+Email this to someone
Vacaciones de un barbudo (parte I)

Post navigation


4 thoughts on “Vacaciones de un barbudo (parte I)

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *